La promesa de 7–8 semanas fracasa cuando se intenta comprimir solo "teclado", no el flujo end-to-end.
En mi experiencia, el punto de quiebre no está en la herramienta: está en el momento en que el negocio quiere tratar el demo como base técnica. Para evitarlo, cierro cada taller con dos acuerdos: qué se considera un "done" operable (incluyendo NFRs y seguridad) y cuál es el cuello de botella a atacar primero en el flujo. Eso transforma la presión en un plan de aprendizaje iterativo, no en una guerra de percepciones.